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jueves, 28 de agosto de 2014

Y después... ¿Qué?

Tengo la certeza y la seguridad que con este texto, vuestros pensamientos se sentirán identificados. Os traigo una reflexión que muchos de nosotros nos hemos planteado más de una vez. Llamadlo miedo, llamadlo curiosidad, llamadlo como queráis. Es una de las preocupaciones que podemos tener muchos de nosotros, pero que por mucho que queramos intentar convencernos de lo contrario, en mi opinión, es ley de vida al fin y al cabo.

Nacemos, crecemos, nos reproducimos para tener descendencia, y morimos. Pero, y después... ¿Después qué? Ese miedo, ese afán por el concepto de una vida con un límite, con un final que no deseamos que llegue, pero que en un momento o otro, sea a los cincuenta años, a los setenta, o a los cien, todos cerramos nuestro ciclo vital de una sola manera, con la muerte.
Desde hace miles de años, las personas nos hemos refugiado en creencias, leyendas, dioses y religiones para soportar el miedo que nos conlleva el pensamiento de abandonar este mundo en su totalidad. Religiones que nos prometen, por ejemplo, el cielo, el infierno o el purgatorio, basándose en nuestros comportamientos; hace algo más de un par de miles de años, se creía en antiguos dioses que te podían perdonar la vida o hacerla más duradera; creencias que sostienen la existencia del alma, de ese rastro de energía de cada uno que nunca se va del todo.

Yo, personalmente, me muestro escéptico. Me mantengo en la idea de que al finalizar nuestra etapa en este gran mundo, cuándo nuestro corazón detenga sus latidos y nuestro cerebro cese su actividad, no quedará nada de nosotros más que nuestro recuerdo, que también tendrá un final al cabo de décadas. Esta manera de pensar, que pensaréis que quizás es un poco triste y desalentadora, no me impide disfrutar de mi paso momentáneo por aquí, sino más bien al contrario, me hace tener la certeza de que debo ser feliz, hacer algo de provecho y hacer lo posible para inculcar unos valores a otra generación, que si se da el caso que sea de mi descendencia o no, puedan adquirir y transmitir para con su felicidad en su paso por aquí.


Y vosotros, ¿qué pensáis sobre esto?