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lunes, 8 de septiembre de 2014

Cosas que no cambian

Me he topado con algo muy interesante y me gustaría compartirlo. Dos grandes filósofos, cuatro siglos antes de Cristo, citaron unas frases que nos resultarían familiares y habituales a las generaciones actuales:

-Los jóvenes de hoy en día son unos tiranos. Contradicen a sus padres, devoran su comida, y le faltan al respeto a sus maestros.

-¿Qué les pasa a nuestros jóvenes? No respetan a sus mayores, desobedecen a sus padres. Ignoran las leyes. Hacen disturbios en las calles inflamadas con pensamientos salvajes. Su moralidad decae. ¿Qué será de ellos?

Estas frases fueron dichas por dos de los grandes en sus tiempos, Sócrates y Platón, respectivamente. Nos puede resultar extraño, ya que doy por sentado que todo el que está leyendo este texto, habrá escuchado una oración similar a las anteriores alguna que otra vez. Y es que, sobretodo los más mayores, tendrán en sus mentes pensamientos semejantes al par de filósofos nombrados; ya que, por suerte o por desgracia, las cosas en este mundo cambian, y con él, también lo hacen las personas y los valores.

Pero yo pienso y pregunto: Si estos pensamientos eran dichos hace dos mil cuatrocientos años (año arriba, año abajo), y con el paso de este período de tiempo hasta la actualidad se ha seguido diciendo, ¿eso significa que nuestros valores actualmente son detestables?, ¿o más bien la gente hace dos milenios era excesivamente correcta, cordial y educada? Yo confío en que ninguna de las dos preguntas es la que se debe formular para llegar a una conclusión sobre esto. Simplemente hay que reflexionar y pensar que cabe la posibilidad de que se haya producido un cambio en nuestro comportamiento y manera de pensar al irnos haciendo mas mayores, a la vez que sabios, confío. De esta manera podemos llegar a recapacitar sobre dicho tema y afirmar que no son las actitudes de los jóvenes, las que cambian, sino las nuestras, ya que vamos adquiriendo con los años, la capacidad de saber que cosas están bien y cuales no tanto.


Resultará extraño leer estas palabras del puño y letra de un joven de dieciséis años, pero creo que no es una edad temprana como para no poder deliberar una opinión sobre este tema. ¿O no es así?